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MUCBE

Exposició: 'De Picasso a Barceló - Obra gràfica i múltiple contemporanis'

Exposició: De Picasso a Barceló

OBRA GRÀFICA I MÚLTIPLE CONTEMPORANIS

Del 10 de setembre fins al 8 de novembre de 2020

Lloc: Mucbe.

Organitza: Regidoria de Cultura.

El proper dijous, 1o de setembre, a les 19.00 h, s'inaugura l'exposició 'De Picasso a Barceló - Obra gràfica i múltiple contemporanis', que romandrà en exposició fins al 8 de novembre de 2020.

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OBRA GRÁFICA Y MÚLTIPLE CONTEMPORÁNEOS. DE PICASSO A BARCELÓ

¿QUÉ SIGNIFICA OBRA GRÁFICA?

Cuando contemplamos obras de arte, además de las técnicas más tradicionales dentro de las artes plásticas, (óleo, el gouache o la acuarela), podemos disfrutar de otra forma de expresión pictórica conocida como obra gráfica, un concepto que abarca un conjunto de diferentes técnicas desarrolladas a lo largo de siglos, desde las más tradicionales como la xilografía hasta las más modernas como la impresión offset.

Todas ellas nacen de una misma idea: la transferencia de la imagen creada por el artista sobre una forma, que bien puede ser una plancha metálica, de madera o de piedra o un rodillo, a un soporte, generalmente papel o tela.

Para que la obra gráfica sea considerada como tal, se deben cumplir ciertos requisitos; debe ser creación del artista, el cual debe trabajar directamente sobre la plancha, la edición ha de ser limitada y las planchas destruidas al final del proceso, ya que de esta forma se garantiza la originalidad de cada uno de los ejemplares. También es importante que las obras estén numeradas y firmadas por el artista o que incluyan alguna marca o sello propio del autor.

La obra gráfica contemporánea se posiciona hoy en un terreno separado de su concepción tradicional. Sus características más marcadas, como lo democrático, múltiple, económico o popular son transformadas y reorganizadas por el artista formando parte de un discurso conceptual en la obra donde las potencialidades son asumidas como instrumentos creativos al servicio del arte.

La importancia de la tecnología en la producción, de forma involuntaria, añade valor a la manufactura de la obra envolviéndola de un aura particular y tan diversa como las diferentes técnicas y usos, y además se incorporan como herramientas ocultas en el proceso gráfico creativo.

En los últimos tiempos, muchos artistas han utilizado la obra gráfica sin prejuicios como base de muchos de sus trabajos. Sus propiedades plásticas, su incitación a la investigación, su capacidad de sorprender, su abanico de posibilidades y soportes o sus fronteras abiertas hacen de la gráfica moderna una disciplina en auge para la creación contemporánea.

Esta exposición revela la evolución de una serie de prácticas artísticas que tienen en común el uso intensivo de representaciones susceptibles de ser reproducidas por medios mecánicos y/o digitales (grabado, litografía, xilografía, linóleo, impresión digital, fotografía...) junto con una reflexión sobre la relación entre el artista y sus procedimientos. Se quiere reflexionar sobre la relación actual entre producción artística y tecnología.

De este modo, la exposición se posiciona en la intersección de dos sistemas: la articulación entre una colección de arte moderno y contemporáneo, y la historia del arte, usando el vínculo entre arte contemporáneo y reproducibilidad técnica.

El recorrido expositivo ha sido planteado en distintos bloques temáticos para su correcta compresión: miradas cruzadas de la modernidad y los orígenes del arte contemporáneo en España; la gráfica española de las segundas vanguardias, entre realismo y abstracción; el intercambio cultural internacional en la época franquista; la escultura contemporánea y la obra múltiple seriada; la evolución del arte abstracto en Europa; el Pop Art y la serigrafía; una visión poética del arte español en los años ochenta y noventa; las prácticas artísticas y los nuevos modos de producción en el siglo XXI.

Los orígenes del arte contemporáneo en España.

Miradas cruzadas de la modernidad: Picasso, Miró y Dalí.

El principio del siglo XX en España resultó ser muy prolífico en cuanto a la aparición de grandes artistas. La lectura de la vanguardia española que proponemos en esta selección de obra gráfica se despliega cronológicamente, poniendo de relieve las trayectorias de estos tres artistas: Picasso, Miró y Dalí como partícipes en distintas manifestaciones vanguardistas. Los tres fueron grandes buscadores de lenguajes nuevos y sus encuentros e influencias cruzadas, a menudo invisibles o inconscientes.

Picasso realizó su primera litografía en 1919, como una invitación a la exposición que presentó en la galería Rosenberg de París, desde entonces y hasta 1930, utilizó la técnica litográfica para ilustrar algunos libros, catálogos e invitaciones, pero no fue hasta 1945 cuando se interesó realmente por este sistema de estampación.

Comenzó a elaborar estampas sobre piedra a partir de noviembre de 1945 en el taller de Fernand Mourlot, en Paris donde artista se implicó en todas las fases de producción, desde el dibujo sobre la piedra hasta el control de las primeras tiradas.

Estos grabados que aquí se exponen son una muestra del dibujo de este artista que desarrolló entre los años 1968 y 1972 en Mougins (Francia), concretamente en su casa de Notre Dame de Vie durante los últimos años de su vida, cuando decidió volver a la calcografía y definió su última etapa como grabador usando procesos con las planchas de los más variadas.

En cuanto a temática, se aborda especialmente el motivo erótico protagonizado por varios personajes, y es que uno de los temas frecuentes en su vida y en su obra es la temática del sexo, tratado desde la escena del voyeur, y el cuerpo de la mujer en movimiento, tema que compartieron Picasso y Degas, el cual según decían se había mantenido célibe a causa de un insuperable miedo al sexo y a quien el artista malagueño veía como un voyeur del desnudo natural. Por ello, Picasso realizó dentro de la Suite 156 más de sesenta grabados sobre mujeres desnudas en el burdel y Degas observando, piezas que conforman esta exposición. Las estampas hablan de la ociosidad, del deseo frustrado y el divertimento.

También es destacable los guiños y referencias a los antiguos maestros. En muchos de los dibujos se aprecian elementos que nos recuerdan a Goya, Ingres, Rafael, Rembrandt, Tiziano, Velázquez... pero sobre todo se hace referencia a Degas. Picasso siempre fue un gran admirador del pintor de bailarinas, pero no tanto por ellas, sino por sus escenas de burdel.

Por su parte, Dalí también se representa con un par de litografías. De 1979 es la perteneciente a la Suite Los enamorados. En esta ocasión se exponen la pareja de Adán y Eva pero hizo otros dos grabados más, en los que retrató a Lancelot y Ginebra y, en el tercero, a Cleopatra y Marco Antonio. El otro litograbado, de los años 70, es conocido como "La diosa tierra", "Las profesiones" o "El cocinero", una temática gastrónomica que atrajo siempre al artista de Figueras y una manera de dibujar muy acorde a sus lienzos surrealistas.

Desde los años 40 Joan Miró escogió Palma de Mallora, un lugar junto al Mediterráneo para afincarse e irradiar desde él su optimismo vital y sus fantasías plásticas, alcanzando proyección universal. Allí creo su serie de aguafuertes y aguatintas "Pasaje de la egipcia", en 1979

En francés, "Le passage de l' égyptienne" es el nombre de uno de los libros de poesía del autor francés surrealista André Pieyre de Mandiargues, y que fue ilustrado por Miró, que realizó este conjunto de grabados durante su estancia en el prestigioso taller del editor e impresor francés Robert Dutrou.

El uso del color que realiza el polifacético artista catalán en esta serie de ilustraciones es bastante reducido. Se limita a emplear cuatro tonos básicos como son el azul, el rojo y amarillo. Por esta razón lo que de verdad llama la atención es la fuerza con la que Joan Miró realizó los trazos que recorren el papel.

La gráfica española de las segundas vanguardias.

Entre realismo y abstracción.

Tras la II Guerra Mundial surgen las segundas vanguardias, empiezan a desarrollarse la sociedad de consumo y el capitalismo, el coleccionismo se dispara y el arte se convierte en un objeto de especulación.

El rasgo común en todos los movimientos que surgen es el deseo de innovación constante y la meta de los artistas es la experiencia novedosa, es la búsqueda de lo nuevo, recurriendo a nuevos materiales, industriales o de desecho.

Hacer arte abstracto a finales de los años cincuenta era algo más que adoptar una estética: suponía tomar una postura, arriesgándose a la reprobación en unos momentos políticamente difíciles. Fueron enseña de vanguardismo y objeto de rechazo o desprecio crítico.

Casi todos los artistas aquí representados, durante los años cincuenta, en su etapa de formación, residieron en el extranjero, París y Roma fundamentalmente, y viajaron por diferentes países donde tuvieron ocasión de contemplar el arte que se hacía en ellos, añorando poder trabajar en España de la misma manera. A diferencia de los movimientos abstractos extranjeros, los españoles bebieron de un sello propio y nacional que ha sido rastreado por los críticos e historiadores en la pintura del Greco, Ribera, Velázquez o Goya, en el pensamiento trágico y místico de nuestros poetas y en el temperamento, mitad fogoso mitad sobrio, del carácter español.

Varios grupos polarizaron el esfuerzo de trabajar este tipo de arte y darlo a conocer:

- Dau al Set en Barcelona (1948-1953 con Antoni Tàpies y Mode t Cuixart, entre otros)

- El Paso en Madrid (1957-1960 con Manuel Millares, Antonio Saura, Luis Feito, Manuel Rivera, Rafael Canogar y Martín Chirino)

- Equipo 57 en Córdoba (1957-1961 con Juan Cuenca, ángel Duarte, José Duarte, Agustín Ibarrola y Juan Serrano)

- Grupo Pórtico en Zaragoza

- Parpalló en Valencia (1956-1961 con Amadeo Gabino y Eusebio Sempere)

- Gaur en Vitoria (1966-1970 con Jorge Oteiza, Néstor Basterretxea y Eduardo Chillida) y el colectivo fundador del Museo de Arte Abstracto Español en Cuenca (de Fernando Zóbel, Gustavo Torner y Gerardo Rueda).

Estos son los jalones más claros de ese periodo que se inicia a finales de los años 40.

En España a finales de los años '40 surgen las primeras agrupaciones contra el arte academicista oficializado por el Estado. A pesar de esta efímera existencia, iniciativas tales como las del grupo barcelonés Dau al Set creado en 1948 por el poeta Joan Brossa, el filósofo Arnau Puig y los pintores Joan Ponç o Antoni Tàpies entre otros, están consideradas como unos de los primeros referentes de la vanguardia artística interior posterior a la posguerra española. Con sólidas estrategias de actuación, a través de exposiciones itinerantes, publicaciones o intercambios culturales, consiguieron introducir a la sociedad, a los galeristas, coleccionistas y editores, en el gusto por la estética surrealista y el arte abstracto en general.

En paralelo, hasta mediados de la década de los sesenta, aparece una etapa que viene a condensar el nacimiento de una gran cantidad de agrupaciones artísticas divididas, a su vez, en dos movimientos muy diferentes: el abstracto y el realista.

Dos visiones, estéticas e ideologías muy diferentes, pero que confluían hacia el mismo objetivo de llevar a cabo una lucha contra la desinformación y el aislamiento del país durante la época franquista.

La escultura contemporánea y la obra múltiple seriada

La escultura contemporánea es una de las manifestaciones artísticas que más ha evolucionado a lo largo del siglo XX.

Este proceso evolutivo tuvo como precedentes el ready made de Duchamp y el objeto encontrado dada y surrealista, que fueron revolucionando y liquidando en parte el concepto tradicional de escultura.

Para Joseph Beuys, el múltiple fue un vehículo ideal de su pensamiento, un medio de comunicación y de difusión con el que podía llegar a un gran número de público.

Hay que considerar que la obra seriada cobra una especial relevancia en las tendencias artísticas que surgen entre los años sesenta y setenta, un tiempo en el que los procesos de desmaterialización de la obra y el cuestionamiento de la autoría perseguían eliminar el aura del arte, haciéndolo más asequible para el público, al que se le pedía participación.

Es el momento en el que los artistas buscaban dar respuesta a las problemáticas sociales de un mundo sujeto a radicales transformaciones, que exigía dinamitar los preceptos de la obra de arte única e irrepetible, sujeta a los caprichos del mercado.

Desde esa perspectiva, podemos entender el modo en el que Beuys intervino de manera decidida en la obra múltiple y seriada; no resulta extraño que, entre 1965 y 1986, realizara unas 600 obras de estas características: fotografías, impresiones, objetos, esculturas, vídeos, películas y hasta grabaciones sonoras, en definitiva utilizando todas las técnicas, desde las más tradicionales hasta las más novedosas para poner en circulación sus ideas.

Cuando hablamos de originales, se trata de cada una de las esculturas cuya tirada (del mismo modelo) oscila entre 2 y 8 ejemplares, todas exactamente iguales y numeradas.

La voluntad de hacer accesible a muchos la obra de arte, llevó al escultor Miguel Berrocal a nuevos modos de hacer y formar en la escultura. Con su obra María de la O se establece la fecha histórica del nacimiento de la escultura multiplicada, que fue presentada en la Bienal de Venecia de 1964 y que dos años más tarde ganó el premio de escultura en la Bienal de París. Esta obra editada en serie de 200 ejemplares fue todo un éxito comercial y supuso el reconocimiento internacional de Berrocal como creador del múltiple.

Pop art y serigrafía

A finales del decenio de los '50 el expresionismo abstracto fue la tendencia principal de la pintura hasta que surgió la Pop art. Tanto los artistas jóvenes como el público en general empezaban a estar cansados del expresionismo abstracto y lo acusaban de haber llegado a una etapa caracterizada por la falta de sinceridad emocional.

El Pop Art apareció simultáneamente durante esos años, en Inglaterra y en Estados Unidos tratando de quitar la conexión emocional entre el artista y la obra de arte y creando obras que tuvieran una interpretación más instantánea y menos intelectual.

Los artistas del Pop Art desarrollaron diferentes técnicas de trabajo, entre las más importantes se encuentra la serigrafía: un procedimiento de impresión que era utilizado principalmente para hacer reproducciones de arte o anuncios publicitarios.

Andy Warhol fue el pionero en el proceso del desarrollo de fotografías de gran formato y en sus obras los rasgos expresionistas se eliminaron de manera progresiva hasta reducir su trabajo a una repetición seriada de elementos populares procedente de la cultura de masas, especialmente a través de la serigrafía.

El artista reprodujo sistemáticamente mitos de la sociedad contemporánea, muestra de lo cual son las series dedicadas a Marilyn Monroe, Elvis Presley, Elizabeth Taylor o Mao Tse Tung, así como su célebre tratamiento de las latas de sopa Campbell; todas ellas realizadas durante la fructífera década de 1960.

El arte pop en España, como peculiaridad, no fue un movimiento unitario y tiene mucho que ver con la nueva figuración que surgió de la crisis del informalismo.

Los principales artistas de este movimiento fueron Eduardo Arroyo y Equipo Crónica, grupo artístico fundado en 1964 por tres pintores valencianos, a partir de las propuestas del historiador Tomás Llorens, cuyos integrantes fueron Manolo Valdés, Rafael Solbes y Juan Antonio Toledo. En la obra de todos estos artistas se puede encontrar una crítica contra la dictadura y sociedad franquistas.

El aguafuerte de Arroyo titulada de Duchess Hotspur versiona la portada de una novela rosa escrita por Rosamond Marshall, muy popular en los años 50. Como también fue muy popular la historia de la cantaora y bailaora de flamenco española Carmen Amaya, un leyenda que relata como asó 2 ó 3 kilos de sardinas en el mítico Hotel Waldorf de Nueva York, temática que Arroyo empleó en pintura y en su obra gráfica.

Por su parte, La Serie negra supone para Equipo Crónica una experiencia artística distinta donde explorar y desarrollar nuevos lenguajes plásticos. Será la primera vez que abandonan los colores planos e introducen el volumen a base de carboncillo y pluma, y emplean una gama mínima de color, fundamentalmente gris y negro. También incorporan elementos que parecen ajenos a la escena que se representa, como lápices de Alpino, reglas, cuadernos, tubos de óleo y otros objetos propios de los artistas en un intento por reivindicar que lo que estamos viendo es pintura y no una realidad.

Esta serie funciona como una alegoría de su tiempo. La violencia, la censura y la presencia policial constante sufrida por la población se visualiza aquí por medio de imágenes que provienen del mundo del cine negro americano, un tipo de cine que, a su vez, tuvo mucha aceptación en el periodo de la posguerra y que los artistas introducen en su serie estableciendo un paralelismo entre esta iconografía del cine negro y la situación social de ese momento. Aunque en ninguna obra de la serie aparece la violencia reflejada de manera directa en ningún hecho concreto, todas ellas respiran un ambiente de opresión que hace que la serie funcione como el retrato de una generación.

Una visión poética del arte español en los años '80 y '90

La posmodernidad es una concepción cultural propia de la sociedad de las últimas décadas del siglo XX que se asocia al culto de la individualidad, a la ausencia de interés por el bienestar común, al desencanto y a la apatía, admitiendo un fracaso de la sociedad.

A diferencia de las generaciones precedentes, que creían en las utopías y en el desarrollo social, los pensadores posmodernos defienden que la posibilidad de progreso sólo es individual y este sentimiento se refleja también en las creaciones artísticas.

La posmodernidad en España proponía como modelo la pacífica transición de la dictadura franquista a la monarquía parlamentaria.

La Movida madrileña, un movimiento difuso pero de gran repercusión mediática, impuso un esteticismo frívolo, descarado y provocador, que pretendía igualar desde el punto de vista artístico la ciudad de Madrid a Nueva York.

Pero desde un punto de vista propiamente plástico y artístico, la época posterior al franquismo se caracterizó por el rescate de las vanguardias anteriores con una visión más individualista. Surgió una profunda heterogeneidad estilística que seguimos compartiendo en la actualidad.

Hemos reunido en esta sección a una generación de artistas que florecieron en los noventa, con algunos antecedentes de los ochenta: Jaume Plensa, Miquel Barceló o José María Sicilia. Aunque estos artistas son muy diferentes, todos tienen una idea poética del arte, "con el sentido trágico que existe desde el arte primitivo".

El carácter multidisciplinar de estos creadores tiene implícito un espacio para la innovación y se valen tanto de todos los procedimientos tradicionales del grabado, como de nuevas técnicas experimentales, creando unas obras sorprendentes, en las que conviven la tradición y la innovación.

José María Sicilia (Madrid, 1954) es uno de los representantes más significativos de la pintura española de los años ochenta. Comenzó su carrera artística estudiando en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid para después instalarse en París, en 1980. Allí coincidió con otros dos artistas españoles -Miquel Barceló y Miguel Ángel Campano- igualmente referentes junto a José Manuel Broto y Ferrán García Sevilla de la pintura española de la época.

Su trabajo se organiza en series pictóricas donde se encuentran reunidas naturalezas muertas y representaciones de herramientas y utensilios domésticos (aspiradores, planchas, tijeras, cubos, etc.); al igual que vistas de paisajes urbanos de Madrid y París.

La imagen de la flor, que aparece por primera vez en sus trabajos en Nueva York, es uno de los pocos rastros figurativos que separan al artista de la abstracción completa y es el motivo que domina la mayoría de sus obras.

Por su parte, Jaume Plensa (Barcelona, 1955) siempre ha sido un devorador de libros y esto se refleja en sus obras: "en su obra el sonido de un poema se vuelve tangible" y es que esa es una de las características de su trabajo, las letras en sus obras son metáforas de las células que forman el ser humano, o también podríamos verlo como una metáfora del trabajo en equipo, es decir, de un individuo que de forma individual no consigue nada de lo que quiere, pero sí como un colectivo.

Las cabezas también son importantes para él: "la cabeza es como la casa en la que tal vez habiten las partes más importantes de nuestro cuerpo", la cabeza no es un retrato de una persona física o real sino que la cabeza simboliza el alma, además estas cabezas suelen aparecer con los ojos cerrados, esto nos traslada al mundo del sueño, de la reflexión y el pensamiento.

En esta ocasión, en sus trabajos "Domestic Propensities" aparece el ojo abierto, mirando como de perfil y rodeado de letras, pequeñas frases que parecen tener sentido entre ellas. Si hacemos un ejercicio de abstracción, veremos que esos trabajos tienen cierta similitud con sus esculturas compuestas por letras. Y si vamos más allá, estos trabajos estéticamente podrían vincularse con las cabezas usadas en la frenología, una antigua teoría pseudocientífica que afirmaba la posible determinación del carácter y los rasgos de la personalidad, así como las tendencias criminales, basándose en la forma del cráneo, cabeza y facciones. El título de "Domestic Propensities" se vincula a uno de los apartados, el de inclinaciones domésticas, donde se agrupan los distintos tipos de amor que supuestamente aloja nuestro cerebro.

Creat per david el 07/09/2020
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